teatro

10 años de teatro independiente

Entrevista al actor George Casanova

En noviembre del año pasado, el actor George Casanova sufrió una caída que casi le cuesta la vida. Ensayaba para el montaje de "La Colonia", montaje ganador del FONDART 2005, y al pasar desde un andamio de la escenografía a un balcón, cayó al vacío. El accidente vino a develar las condiciones de precariedad en que laboran decenas de trabajadores teatrales de la capital cultural de Chile.

Hoy, George Casanova está recuperado pero estuvo cerca no sólo de la muerte sino de la discapacidad total. Hubiera sido una tragedia pues este hombre conecta varias generaciones teatrales. Su actividad arranca en los años 80, muy joven. Estaba en tercero medio cuando ya trabajaba de acomodador en el desaparecido Teatro Las Tablas, de Viña del Mar. Luego, guiado por su afición al teatro, pasó a formar parte de varias compañías: Desde el espectáculo infantil de Pipiripao (con Roberto Nicolini), a la comedia, con el Teatro Abril y Lucho Córdova en Santiago, hasta su retorno a Valparaíso y su encuentro con Juan Edmundo González, nombre señero de la escena porteña, a principios de los 90. Fue el momento de ponerse a estudiar, primero en el ya desaparecido Instituto Bertolt Brecht y luego, en cuanto taller o seminario existiera. "Yo no he parado de actuar, nunca me ha faltado la pega", cuenta. "Todos los años estoy en un montaje nuevo e independiente. Además, ha sido la política de nuestra compañía tratar de traer directores distintos, para agarrar los conocimientos de esos directores".

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Aprender para ser mejor. Esa parece ser una de las marcas de George Casanova, quien también labora como docente. Indudablemente, el accidente también le ha traído lecciones que quiere compartir con Drama y sus lectores, pues afectan a todos quienes sentimos el trabajo teatral como algo personal. "Quisiera también a través de su revista agradecer a todos las personas que me han apoyado" nos dice.

- ¿En que estabas cuando te pasó el accidente?
"Habíamos reflexionado como compañía que nos faltaba el qué decir, qué discurso teníamos como actores y empezamos a buscar obras que nos parecieran más interesantes y nos contactamos con Camilo Reyes que llegó con "La Colonia", basado un poquito en la colonia Dignidad, y nos ganamos el Fondart y, claro, estábamos en los ensayos de la obra y a una semana del estreno, cuando me caí. La escenografía tenía unas puertas muy grandes, porque las diseñadoras querían hacer algo parecido a la ópera, donde los actores se vieran muy chiquititos. Había cinco puertas y detrás, había un andamio, cinco metros y algo. Camilo Reyes lo había puesto a un costado del escenario y este justo daba con el balcón del teatro, que era la escuela alemana que está en el cerro Concepción. Yo le propuse al Camilo, en un ensayo, que por qué no salto del balcón al andamio."¡Ya!", me dice él. Lo probamos varias veces. El día del accidente me enredé y me caí... Me fui pa' bajo, de cabeza. Vi pasar el balcón súper rápido, y pienso: "No, no puedo caer así"... Y mis compañeros me dicen -porque yo no tengo conciencia de qué hice- que me di una vuelta en el aire, y caigo parado y me desvanezco. Ahí yo caché que la lesión era súper grave. Al caer parado, la columna hizo un efecto de acordeón. Me quebré la columna, dos vértebras. Una me la quebré y la otra se trizó, como que explotó. Faltaron 3 milímetros para llegar a la médula. Hubiera quedado parapléjico. A mí me operaron después de cuatro días en el hospital Van Buren. Después de la operación, claro, quedé súper débil. Venían tres personas y me giraban cada dos horas. Bañado entero en la cama, y yo que nunca había estado en el hospital. Me lo tomé con humor, yo me reía de eso. Me decía que el único compañero que conocía era el de la cama del lado. No conocía al de allá o el del frente, porque no podía moverme y le digo a la Mari, mi señora, tráeme un espejo, para mirar a mis compañeros".

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-¿Cuándo puedes volver a ponerte vertical, otra vez?
"Después de dos meses, llega el corsé y me podía levantar y sostener. Ahí fue el momento en que yo lloré... La sensación era súper rara, no era ni de pena, ni de alegría. Era como que me levantaron, y miré, por primera vez, como todo el mundo. Me pusieron de espalda a mis compañeros y frente al mar. Ahí como que me abrí entero, con la piel de gallina, y era como que todo entraba y salía de mi, y yo lloraba y lloraba y no podía hablar. "No saben todo lo que esperé para esto", fue lo único que pude decir. Bueno, y ahí estaban mis compañeros de teatro, el Juan Carlos, la Vero, la Gloria y mi señora.

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